viernes, 12 de septiembre de 2008


El desafío de la creación, Juan Rulfo

Desgraciadamente yo no tuve quien me contara cuentos; en nuestro pueblo la gente es cerrada, sí, completamente, uno es un extranjero ahí.
Están ellos platicando; se sientan en sus equipajes en las tardes a contarse historias y esas cosas; pero en cuanto uno llega, se quedan callados o empiezan a hablar del tiempo: "hoy parece que por ahí vienen las nubes..." En fin, yo no tuve esa fortuna de oír a los mayores contar historias: por ello me vi obligado a inventarlas y creo yo que, precisamente, uno de los principios de la creación literaria es la invención, la imaginación. Somos mentirosos; todo escritor que crea es un mentiroso, la literatura es mentira; pero de esa mentira sale una recreación de la realidad; recrear la realidad es, pues, uno de los principios fundamentales de la creación.
Considero que hay tres pasos: el primero de ellos es crear el personaje, el segundo crear el ambiente donde ese personaje se va a mover y el tercero es cómo va a hablar ese personaje, cómo se va a expresar. Esos tres puntos de apoyo son todo lo que se requiere para contar una historia: ahora, yo le tengo temor a la hoja en blanco, y sobre todo al lápiz, porque yo escribo a mano; pero quiero decir, más o menos, cuáles son mis procedimientos en una forma muy personal. Cuando yo empiezo a escribir no creo en la inspiración, jamás he creído en la inspiración, el asunto de escribir es un asunto de trabajo; ponerse a escribir a ver qué sale y llenar páginas y páginas, para que de pronto aparezca una palabra que nos dé la clave de lo que hay que hacer, de lo que va a ser aquello. A veces resulta que escribo cinco, seis o diez páginas y no aparece el personaje que yo quería que apareciera, aquél personaje vivo que tiene que moverse por sí mismo. De pronto, aparece y surge, uno lo va siguiendo, uno va tras él. En la medida en que el personaje adquiere vida, uno puede, por caminos que uno desconoce pero que, estando vivo, lo conducen a uno a una realidad, o a una irrealidad, si se quiere. Al mismo tiempo, se logra crear lo que se puede decir, lo que, al final, parece que sucedió, o pudo haber sucedido, o pudo suceder pero nunca ha sucedido. Entonces, creo yo que en esta cuestión de la creación es fundamental pensar qué sabe uno, qué mentiras va a decir; pensar que si uno entra en la verdad, en la realidad de las cosas conocidas, en lo que uno ha visto o ha oído, está haciendo historia, reportaje.
A mí me han criticado mucho mis paisanos que cuento mentiras, que no hago historia, o que todo lo que platico o escribo, dicen, nunca ha sucedido y es así. Para mí lo primero es la imaginación; dentro de esos tres puntos de apoyo de que hablábamos antes está la imaginación circulando; la imaginación es infinita, no tiene límites, y hay que romper donde cierra el círculo; hay una puerta, puede haber una puerta de escape y por esa puerta hay que desembocar, hay que irse. Así aparece otra cosa que se llama intuición: la intuición lo lleva a uno a pensar algo que no ha sucedido, pero que está sucediendo en la escritura. Concretando, se trabaja con: imaginación, intuición y una aparente verdad. Cuando esto se consigue, entonces se logra la historia que uno quiere dar a conocer: el trabajo es solitario, no se puede concebir el trabajo colectivo en la literatura, y esa soledad lo lleva a uno a convertirse en una especie de medium de cosas que uno mismo desconoce, pero sin saber que solamente el inconsciente o la intuición lo llevan a uno a crear y seguir creando. Creo que eso es, en principio, la base de todo cuento, de toda historia que se quiere contar. Ahora, hay otro elemento, otra cosa muy importante también que es el querer contar algo sobre ciertos temas; sabemos perfectamente que no existen más que tres temas básicos: el amor, la vida y la muerte. No hay más, no hay más temas, así es que para captar su desarrollo normal, hay que saber cómo tratarlos, qué forma darles; no repetir lo que han dicho otros. Entonces, el tratamiento que se le da a un cuento nos lleva, aunque el tema se haya tratado infinitamente, a decir las cosas de otro modo; estamos contando lo mismo que han contado desde Virgilio hasta no sé quienes más, los chinos o quien sea. Mas hay que buscar el fundamento, la forma de tratar el tema, y creo que dentro de la creación literaria, la forma -la llaman la forma literaria- es la que rige, la que provoca que una historia tenga interés y llame la atención a los demás. Conforme se publica un cuento o un libro, ese libro está muerto; el autor no vuelve a pensar en él. Antes, en cambio, si no está completamente terminado, aquello le da vueltas en la cabeza constantemente: el tema sigue rondando hasta que uno se da cuenta, por experiencia propia, de que no está concluido, de que algo se ha quedado dentro; entonces hay que volver a iniciar la historia, hay que ver dónde está la falla, hay que ver cuál es el personaje que no se movió por sí mismo. En mi caso personal, tengo la característica de eliminarme de la historia, nunca cuento un cuento en que haya experiencias personales o que haya algo autobiográfico o que yo haya visto u oído, siempre tengo que imaginarlo o recrearlo, si acaso hay un punto de apoyo. Ése es el misterio, la creación literaria es misteriosa, y uno llega a la conclusión de que si el personaje no funciona, y el autor tiene que ayudarle a sobrevivir; entonces falla inmediatamente. Estoy hablando de cosas elementales, ustedes deben perdonarme, pero mis experiencias han sido éstas, nunca he relatado nada que haya sucedido; mis bases son la intuición y, dentro de eso, ha surgido lo que es ajeno al autor. El problema, como les decía antes, es encontrar el tema, el personaje y qué va a decir y qué va a hacer ese personaje, cómo va a adquirir vida. En cuanto el personaje es forzado por el autor, inmediatamente se mete en un callejón sin salida. Una de las cosas más difíciles que me ha tocado hacer, precisamente, es la eliminación del autor, eliminarme a mí mismo. Yo dejo que aquellos personajes funcionen por sí y no con mi inclusión, porque entonces entro en la divagación del ensayo, en la elucubración; llega uno hasta a meter sus propias ideas, se siente filósofo, en fin, y uno trata de hacer creer hasta en la ideología que tiene uno, su manera de pensar sobre la vida, o sobre el mundo, sobre los seres humanos, cuál es el principio que movía las acciones del hombre. Cuando sucede eso, se vuelve uno ensayista. Conocemos muchas novelas-ensayo, mucha obra literaria que es novela-ensayo; pero, por regla general, el género que se presta menos a eso es el cuento. Para mí el cuento es un género realmente más importante que la novela porque hay que concentrarse en unas cuantas páginas para decir muchas cosas, hay que sintetizar, hay que frenarse; en eso el cuentista se parece un poco al poeta, al buen poeta. El poeta tiene que ir frenando el caballo y no desbocarse; si se desboca y escribe por escribir, le salen las palabras una tras otra y, entonces, simplemente fracasa. Lo esencial es precisamente contenerse, no desbocarse, no vaciarse; el cuento tiene esa particularidad; yo precisamente prefiero el cuento, sobre todo, sobre la novela, porque la novela se presta mucho a esas divagaciones.
La novela, dicen, es un género que abarca todo, es un saco donde cabe todo, caben cuentos, teatro o acción, ensayos filosóficos o no filosóficos, una serie de temas con los cuales se va a llenar aquel saco; en cambio, en el cuento tiene uno que reducirse, sintetizarse y, en unas cuantas palabras, decir o contar una historia que otros cuentan en doscientas páginas; ésa es, más o menos, la idea que yo tengo sobre la creación, sobre el principio de la creación literaria; claro que no es una exposición brillante la que les estoy haciendo, sino que les estoy hablando de una forma muy elemental, porque yo les tengo mucho miedo a los intelectuales, por eso trato de evitarlos; cuando veo a un intelectual, le saco la vuelta, y considero que el escritor debe ser el menos intelectual de todos los pensadores, porque sus ideas y sus pensamientos son cosas muy personales que no tienen por qué influir en los demás ni hacer lo que él quiere que hagan los demás; cuando se llega a esa conclusión, cuando se llega a ese sitio, o llamémosle final, entonces siente uno que algo se ha logrado.
Como todos ustedes saben, no hay ningún escritor que escriba todo lo que piensa, es muy difícil trasladar el pensamiento a la escritura, creo que nadie lo hace, nadie lo ha hecho, sino que, simplemente, hay muchísimas cosas que al ser desarrolladas se pierden.

lunes, 8 de septiembre de 2008

La instancia narradora

Según Genette (Nouveau discours du récit), no existe relato sin narrador. En suma, no hay enunciado sin enunciación que lo produzca. El relato es una forma de discurso, y como tal, es enunciado por alguien que deja huellas más o menos perceptibles en el texto. La instancia narradora puede tratar de borrarse lo más posible, para dejar lugar a la historia. El lector se olvidará entonces de la existencia de un narrador (al igual que uno puede ignorar, ante un reportaje televisivo, la mediación de la cámara). Tendrá la impresión de una narración “transparente”, a la que atraviesa inmediatamente para encontrarse de lleno en los acontecimientos narrados. Éstos serán captados como “reales”. Es la tendencia técnica de la novela de aventuras, de algunas novelas policíacas, etc. Sin embargo, la discreción de la instancia narrador no puede llegar hasta su completa desaparición. La narración no puede suprimirse a sí misma. Los episodios de una novela por ejemplo muchas veces se sitúan en el pasado : resultan pues anteriores al acto de palabra que los produce y no se confunde con ellos. Además, para que estos episodios sean comunicados, hace falta un posesor de la información : alguien que sepa lo que pasó. ¿ A quién le va a pertenecer este conocimiento sino al narrador ? Aun en los casos de un relato íntegramente constituido por diálogos entre personajes y sin fórmulas atributivas del tipo “dijo”, hay que admitir la existencia de una enunciación superior que nos transmite estos diálogos. El narrador se reduce entonces a una mera instancia “que cita”. Pero no deja de ser el que nos transmite, o narra, el relato. No deja de ser la necesaria mediación de un universo que él conoce y nosotros ignoramos. A la narración transparente o mínima, hay que oponer la narración “opaca” : aquella en la que el narrador se designa explícitamente como tal, y se manifiesta como el productor, hasta el inventor del relato. Primero, hay que saber que un texto de ficción tiene un doble nivel de enunciación. En la portada del libro, viene el nombre del autor, quien firma la redacción de una novela; y en el texto, una serie de elementos remite a una “instancia productora de la enunciación” (en términos de Genette). Nada garantiza, obviamente, que autor y narrador puedan ser superpuestos. Al autor le corresponde un lector, y esta relación autor/lector es extralingüística. Al narrador le corresponde un narratario, y esta relación es intralingüística. Estos dos niveles de relaciones resultan bien separados y han de distinguirse siempre a la hora de analizar el texto. Primero el autor. Es el que escribe, el que hace una labor efectiva. Puede conocerse por su biografía (a su vez relato, con sus determinadas reglas y sus códigos), por alguna investigación sobre la historia del texto que se estudia, por el examen de sus borradores, etc. Más que la expresión de un autor tal como es (o fue) en su vida, el estilo y la visión de la obra son actividades por las que este autor trata de modificarse, compensar algunos fallos o sublimar sus propias dificultades. La obra puede presentar Ce document a été fabriqué par PDFmail (Copyright RTE Software) http://www.pdfmail.com y confrontar varios puntos de vista. ¿Cuál de ellos será el del autor? Hasta un dato biográfico determinado, insertado en la obra, puede cobrar un significado bien diferente del que tuvo en la vida real del autor, ya que resulta definido por su función en esta determinada obra y por la orientación de dicha obra. Explicar una obra por su autor sería pues relacionar lo conocido con lo desconocido. Si gran parte de las obras maestras –y no sólo comprometidas- son posicionamientos políticos o ideológicos ante un determinado sistema social, ideológico o cultural, sería empobrecer el relato y encima tomar grandes riesgos, hacer una lectura de la novela reducida en los estrictos límites del conocimiento que uno tiene de las posturas del autor. Un autor también se define por una determinada aptitud : una suma de le cturas, una determinada carrera, el dominio de tal o cual lengua, la pertenencia a tal o cual tradición o corriente artística. Tal elemento que tenemos la tentación de imputar al autor bien puede resultar de sus lecturas, de las reglas del género, des las obligaciones métricas, de la rima, etc. A la luz de tal aptitud o de dicho posicionamiento, uno puede reconstituir la problemática personal de un escritor : su origen, su formación personal, su evolución social, ideológica o cultural, sus estrategias respecto a los grupos literarios, los géneros, los estilos, y paralelamente la visión de la condición humana que expresa en sus obras. Se tiende (sobre todo en los manuales de textos) en hacer una relación directa entre el texto de la ficción con la persona real que lo escribió. Se trata de explicar tal o cual fenómeno literario mediante tal o cual actitud, o característica del autor. Pero no se puede aplicar el criterio de la verdad y de la mentira. No olvidar que un relato se fundamenta en la mimesis, no en la verdad. No hay que confundir al autor con la persona que lleva ese nombre. La figura del autor se construye en parte a través de su escritura y en la mente de los lectores. No confundir tampoco al autor con el narrador. La narración no es la escritura por la que el autor produce su texto. El autor es un dato histórico y no textual mientras que el narrador pertenece al mundo de la ficción, y no a la vida real, es un dato textual, y no histórico. En cuanto al lector, es el que descifra el texto a partir de su experiencia personal y de su saber propio : su pasado, su sicología, su cultura, su clase social, etc., sus identificaciones y sus rechazos. ¿ A quién puede referirse todo el texto en este caso, y qué nombre darle a esta instancia narradora que abarca tanto ? Se da muchas veces (es el caso de Genette) el nombre de narrador a este papel de toma a su cargo del texto narrativo. Conviene en este caso no caer en la tentación de hacer de él una persona real, con sus deseos, su carácter, sus inquietudes, etc., y otorgarle todo lo que no sabría decir el autor. Puede ser cómodo, más claro también, hablar de “instancia narrativa” (como lo hace Genette), o de función narradora, o sea de un elemento del texto, que forma plenamente parte del texto y que uno puede conocer a partir del texto. Se encuentra otra terminología : la voz narrativa. A nivel lingüístico, todo enunciado lleva dentro inscritas las señales de su emisor o narrador y de su destinatario o narratario. Esta instancia productora del enunciado narrativo es conocida a partir del texto. Es un efecto del texto que no depende de la Ce document a été fabriqué par PDFmail (Copyright RTE Software) http://www.pdfmail.com inversión, de la búsqueda o de las necesidades de un lector. Está, ahí inscrita en el texto que rige, aun cuando a veces puede tratar de borrarse lo más posible para dejar lugar más amplio al texto. El narratario es destinatario del texto narrativo. Es necesario, programado, construido por el texto, como un lector ideal. Cuidado : no es el receptor de la obra, ya que está integrado en esta obra, ya que forma parte de la narración. Nada indica que un lector real esté orientado, controlado por el narratario al que se identificaría. Para analizar y describir la instancia narradora, el narrador, hay entre otras cosas que utilizar las siguientes herramientas : • Todo lo que remite a la localización en el tiempo y en el espacio de esta instancia productora : tiempos verbales, deícticos, niveles de lengua. El juego de los pronombres personales, los demostrativos, las localizaciones espaciales y temporales que remiten por una parte a una situación desde la que se emite el discurso y por otra parte a una relación de este discurso. Pasa lo mismo con los tiempos verbales. • Todo lo que remite a la organización del relato : cronologías (trastornadas o no, existente o no), modalidades de presentación de los hechos y de selección de las informaciones proporcionadas, modos del discurso –directo, indirecto, indirecto libre). • Todo lo que remite a un juicio sobre lo narrado : juicios de valores (adjetivos, adverbios, modalizaciones, etc. : por ejemplo « precioso/feo », « quizás », rápido »…), expresiones de opiniones, aserciones, evaluaciones, etc. En esta perspectiva, conviene estudiar la estructuración en secuencias, capítulos, disposiciones tipográficas que también aportan informaciones sobre la historia y pertenecen plenamente al nivel de la “narración”. Los nombres propios, la construcción de un espacio y de un tiempo son tantos otros elementos capitales para la organización narrativa. Toda oposición de lugares, toda construcción de espacios simbólicos así como toda modificación de las cronologías, cualquier anticipación, cualquier retraso remiten no sólo a una verosimilitud, a un anclaje del relato en un espacio y un tiempo referenciales sino a una perspectiva sobre el relato que significa algo. La lectura de un texto narrativo resulta pues guiada a menudo por las variaciones que se perciben en la actividad y el papel del narrador. Pueden distinguirse dos categorías fundamentales de narración : aquella que es tomada a cargo por un narrador que dice “yo” y aquella que es tomada a cargo por un narrador impersonal. El narrador en 1ª persona o narrador personal es primero un narrador “representado”, o sea que se hace personaje en su relato. El “yo” es doble : está el “yo” que escribe y el “yo” presente en el enunciado. El “yo” es a la vez narrador y personaje, sujeto y objeto del relato. Desempeña entonces dos papeles : el de organizador del relato, y el de actor de este relato. Varias identificaciones son posibles en el caso de este narrador personal : 1 El « yo » puede identificarse con el protagonista de la historia narrada y, en este caso, es narrador-protagonista o narrador-personaje. Es un caso muy frecuente. Ce document a été fabriqué par PDFmail (Copyright RTE Software) http://www.pdfmail.com 2 El « yo » se identifica con un personaje secundario que fue testigo de lo que pasó y en este caso es narrador-testigo. 3 El « yo » se identifica con un personaje que en absoluto interviene en la historia, un personaje que cuenta sólo una anécdota que otro personaje pudiese haberle contado ; en este caso, el « yo » es un narrador que asume la única función de transmisor. En estos tres primeros casos, es el narrador el que incorpora al relato lo que pertenece al personaje. De forma que puede calificar a éste bajo todos los aspectos, mientras que lo contrario es imposible. El personaje no puede proporcionar comentarios sobre el narrador. Puede sin embargo hacerse narrador, al igual que el narrador puede hacerse personaje. 4 El « yo » no se identifica con ningún personaje y sólo aparece como instancia indeterminada. En este caso, no aparecerá sino al principio de la obra, en las primeras páginas para desaparecer luego. Es un caso frecuente en la novela del s. XIX pero poco frecuente en la literatura actual. Tendemos los lectores a asimilar este « yo » con el autor, aunque no existen motivos algunos para hacerlo si no hay referencia explícita. 5 El « yo » se identifica con un personaje que lleva el mismo nombre que el autor. Es el caso típico de la autobiografía pero también de las memorias, de los libros de recuerdos, de los diarios auténticos (pues los hay ficticios). Pero en este caso, hace falta distinguir las diversas nociones que cubre este “yo”, o sea : la instancia narradora, el personaje narrado, la persona a la que se refiere este personaje. Sea lo que sea, el “yo” no es el autor. El autor hace contar su historia por un personaje a pesar de todo. El narrador impersonal : es el tipo de instancia narradora más conocido y practicado. A la diferencia del narrador personal, no está representado, no se incluye en absoluto en la historia narrada. Pero aunque no representado, puede hacerse tan omnipresente como el narrador personal. Se suele llamar a este narrador un narrador omnisciente. Sin embargo, el narrador omnisciente no es un caso límite del narrador impersonal. En efecto, el narrador impersonal implica variantes, según sus puntos de vista : puede ocupar cualquier lugar dentro de la situación narrada, dentro de una serie de posibilidades que va desde el punto de vista único identificado con el de tal o cual personaje, hasta el punto de vista panorámico que incluye la visión interior del conjunto de los personajes, el conocimiento del pasado, presente, futro de la historia en su conjunto (y en este caso es cuando se puede hablar de narrador omnisciente) ; o sea que el papel del narrador se convierte en el de testigo, de observador, de juez. De ahí que, en los relatos tomados a cargo por tal o cual instancia narradora, puedan producirse efectos de « realidad » o « de objetividad » cuando el narrador parece borrarse, o efectos de “literatura comprometida” cuando al contrario el narrador multiplica la huellas que lo identifican. La adopción de un “él” no significa, claro, que el narrador no sea el personaje del que se trata. Aunque el relato esté en 3a persona, no hay a veces ningún indicio de desacuerdo entre el narrador y el personaje. Este narrador puede comunicarnos lo que pasa en el fuero interior del protagonista, dar cuenta de lo que experimenta el personaje. Ésa es la Ce document a été fabriqué par PDFmail (Copyright RTE Software) http://www.pdfmail.com técnica fundamental de la llamada « exploración del alma”, dominio de predilección de la novela moderna. El narrador puede dejarse absorber por el protagonista. Caso límite de la novela en la que el narrador se borra del todo es la constituida por diálogos, sin siquiera los comentarios tradicionales del tipo “dijo”, respondió”. Claro que puede hablarse de novela y no del guión de una película ni de una obra de teatro. Pero aun en este caso extremo y hasta paradójico a primera vista, pueden observarse elementos de análisis de un relato y de la función narradora. También cabe mencionar que la literatura moderna se caracteriza muchas veces por una trasgresión de los códigos. Tiene más libertad y más complejidad. Así es como un personaje, a veces protagonista, puede ser designado con un “él” o un “tú” según los momentos o fragmentos, pasajes, de la novela. Según Genette, el narrador tiene cinco funciones : • narradora (inherente a todo relato y en relación con la historia narrada). • de organizador (el narrador comenta más o menos la organización y la factura de su relato, de son texto). • de comunicación (el narrador se dirige al narratario, al destinatario). • testimonial (el narrador se preocupa por precisar las fuentes de su información, de evaluarlas, de manifestar sus emocione de narrador). • ideológica o didáctica (el narrador explica la acción a partir de un saber general, muchas veces condensado en sentencias). ¿ Cuál es la situación del narrador respecto al relato y a la historia ? ¿ Está o no implicado en ella y en qué concepto (testigo, compañero, figurante, víctima, protagonista) ? Genette propone llamar al narrador (y la narración o diégesis) intra o extradiegética según está o no en el relato, homo o heterodiegético según está o no en la historia. Para resumir y decirlo en otros términos de Genette se distinguen 4 tipos de narradores a partir de dos criterios de distinción (narración y participación): -el que está fuera de la acción : el narrador extradiegético (siendo la diégesis la historia narrada) ni es personaje de ella, claro. -el narrador que forma parte de la acción pero no es personaje de la historia narrada: narrador intradiegético; - el narrador homodiegético : es un personaje de la historia que narra; - el narrador heterodiegético : exterior a la historia que narra. • A cuenta (en 3a persona) sin comentarla, la vida de B, en la que no interviene ni como actor ni como testigo : el narrador no pertenece ni al relato ni a la historia. relato extradiegético-heterodiegético • A cuenta su vida (en 1a persona), sin comentarla : el narrador no pertenece al relato sino a la historia. relato extradiegético-homodiegético Ce document a été fabriqué par PDFmail (Copyright RTE Software) http://www.pdfmail.com • B, actor de una historia narrada por A, cuenta y comenta en ella su vida (en 1 a persona o en “discours rapporté”) : el narrador pertenece al relato y a la historia. relato intradiegético-homodiegético • B, actor de una historia narrada por A, cuenta y comenta en ella (en 3a persona) , la vida de C, en la que no desempeña ningún papel : el narrador pertenece al relato pero no a la historia. relato intradiegético-heterodiegético Esto produce las siguientes combinaciones posibles : Un relato extradiegético-heterodiegético es un relato en el que el narrador primero cuenta una historia en la que no participa : es el caso de la novela de Ana María Matute, Olvidado rey Gudú o del narrador del Persiles Un relato extradiegético-homodiegético : el narrador primero cuenta una historia de la que es un personaje participante : caso por ejemplo de la novela de Carmen Martín Gaite, El mismo mar de todos los veranos, en la que se trata de una narración en 1ª persona hecha por la protagonista de la novela. El relato intradiegético-heterodiegético : Sherazade, segundo narrador, cuenta historias en las que no participa. El relato intradiegético-homodiegético : Periandro (Persiles) en la narración de su historia. Narrador segundo, que cuenta historias en las que participa. La cuestión de los niveles narrativos es dificilísima, sobre todo cuando se trata de relatos interpolados, o sea de relatos en el que el relato segundo queda subordinado al primero o depende de éste. Puede existir un relato interpolado sin cambios narrativos, pero es bastante poco frecuente. El mismo Genette distingue también 3 etapas que llevan progresivamente del discurso del narrador al del personaje, o sea de la narración a la historia : Por otra parte Genette distingue 3 etapas que llevan progresivamente del discurso del narrador al del personaje, entonces de la narración a la historia: a) Le discours narrativisé. Discurso narrativizado, en el que las palabras del personaje están integradas en la narración y puestas en un mismo nivel que los otros acontecimientos ; ejemplo : “he llamado a Fulano, hablamos un rato. Me enteró de que se iba a casar el mes que viene.” b) Le discours transposé. Discurso traspuesto : opera la transposición de las palabras del personaje en estilo indirecto ; ejemplo : “he llamado a Fulano, hablamos un rato. Me dijo que se iba a casar el mes que viene.” O en estilo indirecto libre (variante del indirecto) ; ejemplo : “he llamado a Fulano, hablamos un rato. Se iba a casar el mes que viene.” c) Le discours rapporté. Es la cita literal de las palabras del personaje en estilo directo ; los dos textos están en equilibrio : ejemplo : “he llamado a Fulano, hablamos un rato. ¡ Fíjate ¡ Me dijo : me caso el mes que viene.” Genette estima que el monónologo interior, que él llama « discurso inmediato » (del personaje pues) no es otra cosa que estilo directo no “diferido”, o sea presentado de forma inmediata, sin introducción declarativa ni comillas. Lo específico de este Ce document a été fabriqué par PDFmail (Copyright RTE Software) http://www.pdfmail.com discurso inmediato es que borra las últimas señales contextuales de la instancia narradora que lo cita. El discurso del personaje, dice Genette, « s’émancipe alors de tout patronage narratif », lo cual da : «hemos hablado un rato. Me caso el mes que viene.» ¿Cuál es el estatuto de la instancia narradora? Es un papel ficticio. Papel porque se trata de una actividad en parte codificada. Ficticio porque forma parte de la ficción narrada, que no está fuera, no le es exterior. Constituye el nivel más abarcador, más general de la narración. Es construido, por último, por el texto del que es un efecto. Aunque este papel ficticio está explícitamente asumido por el autor (quien pone su nombre en la portada), aunque sea una autobiografía, este papel no deja de ser ficticio, porque construido por limitaciones impuestas por el mismo acto de narrar : la linealidad, el orden habitual o trastornado del relato, la retórica, etc. Conviene pues distinguir el “yo” narrado y el “yo” que narra. La instancia narradora es autónoma respecto al autor. No es una proyección directa suya. Muchos escritores comentan por ejemplo que no son dueños de sus creaciones, del sentido del texto producido. Puede haber, por otra parte, una doble instancia narradora, teniendo cada una sus características. Esto aparece en el caso en que un personaje de un texto lee otro texto (carta, mensaje, novela). La literatura moderna se vale con bastante frecuencia y de forma explícita de la técnica del “collage”, de la inserción de otro texto literario. El reempleo sin señalar de un fragmento de una obra literaria modifica por completo la perspectiva de análisis de la voz narradora. En todo caso es otra modalidad narrativa que tiende a subvertir la misma noción de autor. En pocas palabras, puede decirse que existe en la literatura moderna una tendencia a destruir el papel del autor como padre poseedor del texto a favor de una narración que replantea la creación colectiva, la circulación de los enunciados, la no posesión del texto. Se habla de la muerte del autor, del fin de la dictadura del autor. Asimismo, la coexistencia voluntaria de distintos niveles de lengua en una narración es un elemento que conviene no dejar de lado para situar la imagen y el papel del narrador. Por último, hay que olvidar un determinado léxico como « narrador ausente » (imposible) o « presente » (evidente) y sobre todo la imagen demasiado recurrente de las “intrusiones” del narrador (siempre un intruso). Hablar mejor de « distanciamiento », de « disociaciones». El narrador se caracteriza por su actividad, su implicación y, por eso, su relación más o menos estrecha y necesaria con el destinatario del relato, el narratario. Éste debe, por su parte, ocupar un lugar determinado por el que anuncia la instancia narradora. Es la instancia receptora de la narración, la parte pasiva. El narratario es el doble invertido del narrador : tiene características diametralmente opuestas. Al igual que el narrador es la instancia privilegiada para la proyección del autor, el narratario es la instancia privilegiada para la proyección del lector. El análisis del narratario es más delicado aún que el del narrador. Ce document a été fabriqué par PDFmail (Copyright RTE Software) http://www.pdfmail.com • El caso más favorable es cuando la narración introduce a un personaje que asume la función de narratario, o sea de un receptor o destinatario de un relato hecho por un personaje-narrador. Este personaje-narrador no tiene existencia sino cuando hay un personaje-narrador, claro. Las características del personaje que asume la función de narratario son muy importantes para determinar la forma particular del narratario en un texto determinado : pueden resultar inversas de aquellas del personaje-narrador en varios aspectos. • En el caso de una narración en 1a persona, en la que no hay personaje -narratario, la instancia narrataria tiene pues las características generales que se deducen de las del narrador, o sea : el “yo” implica un “tú”, es decir un interlocutor-destinatario, al que se identifica el lector. Por ello, una narración en 1 a persona llama más directamente la atención del lector en una especie de diálogo (ficticio, claro) con este “yo” que cuenta. • En el caso de una narración marcada por un narrador impersonal, la instancia narrataria no está implicada en una relación de diálogo, ya que el narrador tampoco está implicado en la historia narrada. La distancia que se produce entonces entre el narrador y el mundo representado tendrá repercusiones sobre la distancia entre narratario y mundo representado. A un narrador más o menos director o didáctico (que tiende a ser omnisciente pues) responde un narratario menos activo. Al contrario, una restricción de la in formación (como en la novela policíaca) por parte del narrador implica mayor participación del narratario. De ahí la importancia de la organización de la información que es reveladora de la forma del narratario. El estudio del narratario es inseparable de aquel del narrador, ya que ambos forman una instancia única, interiormente doble. Asimismo, como casi siempre se produce, las modalidades de narración varían a lo largo del texto y el narratario resulta modificado, afectado en su relación con el narrador.